Padres de los 43 normalistas de Ayotzinapa encaran a militares de Iguala

En la zona militar gritan que los efectivos castrenses son responsables de la desaparición de sus hijos y forcejean con ellos; los oficiales disparan bombas de gas       
En la zona militar gritan que los efectivos castrenses son responsables de la desaparición de sus hijos y forcejean con ellos; los oficiales disparan bombas de gas       

Jonathan Cuevas/API

Iguala, Gro.- Con las lágrimas sobre sus mejillas, padres de familia de los 43 desaparecidos, normalistas de Ayotzinapa y organizaciones sociales, encararon a elementos del 27 Batallón de Infantería del Ejército Mexicano, acusándolos de tener participación directa en los hechos del 26 de septiembre del año pasado.

Cerca de las 10:00 de la mañana llegaron unas 150 personas en cinco autobuses de empresas privadas, provenientes de Ayotzinapa. Ingresaron por el lado sur sobre la carretera a Chilpancingo, sin que se toparan con el retén militar que permanentemente había vigilado la entrada a la ciudad de Iguala. Los efectivos castrenses retiraron por este día su filtro de seguridad.

Avanzaron sobre la vía hasta llegar al periférico sur a la altura de “Funerales Gutiérrez” donde antes estaba el Servicio Médico Forense. Ahí descendieron de las unidades y se formaron para marchar.

Empezaron a avanzar a paso lento rumbo al norte de la ciudad y, unos 700 metros adelante, justo a la altura del 27 Batallón de Infantería, frenaron su camino.

Para ese momento ya esperaban unos 300 efectivos militares con traje antimotin, que había formado una valla humana dentro de la zona militar, bloqueando la entrada. Además, cerraron el portón de malla ciclónica y le pusieron candado.

Enseguida, fuera de las instalaciones y sobre la malla del portón, pusieron rollos de alambre de púas para evitar que los manifestantes pudieran ingresar a la zona militar.

Los padres de los normalistas que encabezaban la movilización, se colocaron frente a los 300 policías militares que resguardaban sus instalaciones, y empezaron a lanzar consignas. Sobre las dos torres de vigilancia, otros efectivos castrenses vigilaban lo que ocurría y fotografiaban a las personas que protestaban.

El representante legal de los padres de los desaparecidos, Vidulfo Rosales Sierra tomó una bocina y dijo: “Ustedes fueron. El día 26 de septiembre recorrieron las calles y estuvieron en el escenario del crimen”.

Y añadió: “Desde aquí les decimos que tienen responsabilidad. A nosotros hoy en día, no nos queda la menor duda de la participación directa de elementos del Ejército Mexicano. Hemos revisado detalladamente el expediente y por supuesto que hay datos que nos dicen que el día 26 de septiembre, además de ir al hospital Cristina, estuvieron en diferentes lugares”.

Los papás de los desaparecidos exigieron a los mandos militares que abrieran las puertas para que entraran a revisar las instalaciones, advirtiendo que si se negaban, estaban dispuestos a derribar las rejas y violar todo aparato de seguridad para ingresar “a como dé lugar”.

Como no hubo respuesta de los militares, normalistas y padres de familia, incluidas mujeres, empezaron a quitar los alambres de púa y luego tres rollos de este mismo material que estaban encadenados. En cuestión de 10 minutos quitaron los obstáculos para luego tratar de abrir la reja.

Después de un rato el portón se abrió y los manifestantes empezaron a avanzar hacia los militares. Sin embargo, frenaron su camino cuando estaban frente a frente, a un metro de distancia.

En ese momento salió uno de los jefes militares sin traje antimotín. Cruzó entre los protestantes empujando para jalar la reja buscando volver a cerrarla. Uno de los familiares de los desaparecidos, intentó cerrarle el paso y a cambio recibió empujones y un par de golpes.

Padres de otros desaparecidos intentaron golpear al militar para evitar que siguiera agrediendo a su compañero, por los antimotines avanzaron hasta ese punto empujando a los protestantes y golpeándolos con sus toletes. Cuando llegaron a él lo metieron entre el contingente y retrocedieron.

Además lograron cerrar el portón, lo que provocó que los manifestantes también retrocedieran sin que pudieran ingresar a la zona militar.

Permanecieron las dos partes de frente a una corta distancia. Los padres continuaban lanzando consignas mientras otro grupo de los manifestantes, varios de ellos encapuchados, trataban de derribar una de las rejas.

Minutos más tarde lo lograron y esa misma la utilizaron para arremeter contra los efectivos castrenses, tratando de abrir paso. La parte superior de la reja también tenía alambre de púas, y con éstas mismas agredieron a los militares, lanzando contra ellos la reja.

Los oficiales apenas pudieron contener con sus escudos las embestidas de los protestantes que utilizaban una parte de la reja, pero finalmente aguantaron. Grupos que estaban más atrás lanzaron al menos 4 bombas de gas, pero ninguna cayó entre el grupo de manifestantes.

Para ese momento, los líderes del movimiento empezaron a apaciguar a sus compañeros pidiéndoles que continuaran la movilización pacíficamente.

Antes de irse, varias madres de los desaparecidos lanzaron consignas una vez más contra los militares. Les aclararon que solo buscaban a sus hijos mientras que ellos (los militares), recibían órdenes del gobierno para reprimir a la lucha social, dándole la espalda al pueblo.

Una de ellas, les gritó: “¡Malditos todos! Devuélvanos a nuestros hijos. Ustedes se los llevaron”. Era una anciana que cubría su cuello con una bufanda roja, como si se protegiera de una enfermedad pero, dijo no tener miedo a los elementos del Ejército Mexicano.

Las arrugas de su rostro daban cuenta de la larga vida de esa mujer. Un par de lágrimas zigzagueaban en sus mejillas buscando llegar hasta la quijada. La mujer no dejaba de gritar y maldecir a las fuerzas del 27 Batallón mientras sostenía la fotografía de su hijo, desaparecido.

“Asesinaron en Tlatlaya y todavía portan ese pinche uniforme. Y no les da vergüenza cabrones”; lanzó un joven de playera blanca y mochila sobre su espalda, al momento de la retirada.

La marcha siguió sobre el periférico unos 100 metros adelante. Se introdujo a la Avenida del estudiante y retornaron hacia el sur sobre la carretera a Taxco. Llegaron hasta el monumento de las Tres Garantías y tomaron la avenida Bandera Nacional. Siguieron caminando hasta el centro de la ciudad y, en el zócalo realizaron un mitin para exigir justicia y la presentación con vida de los 43 estudiantes. Ahí concluyó la movilización. (Agencia Periodística de Investigación)

 

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