#Opinión – El voyerista Ed. 2598

Por Alfredo Guzmán

¿Pacificar a Guerrero, tarea compleja?
La determinación política del gobierno del estado de Guerrero, de ingresar ayer a la población de la Concepción, municipio de Acapulco, desarmar y detener a personas armadas, con el propósito de evitar enfrentamientos mayores, entre grupos antagónicos de ciudadanos que se dicen policías comunitarios, es positivo.

Es del conocimiento de que la madrugada de ayer hubo enfrentamientos armados entre grupos de ciudadanos, uno perteneciente a la CECOP-CRAC liderados por Marco Antonio Suástegui y el otro de la UPOEG de Bruno Plácido, que dejó 4 personas muertas y al ingreso de las fuerzas del orden, hubo otro enfrentamiento, dejando un saldo similar de personas fallecidas.

Derivado de los enfrentamientos y con el propósito de hacer cumplir la ley, luego de que unos 30 ciudadanos del poblado de la Concepción, portaban armas prohibidas para el uso de las policías comunitarias, además de varias dosis de mariguana, fueron detenidos, desarmados y trasladados a Chilpancingo, con el propósito de aclarar los enfrentamientos y por oponerse a desarmarse, y enfrentar a las fuerzas del orden.
Hay antecedentes, de que en el pasado, tanto un grupo, como el otro se culparon de la muerte de una familia, cuando un grupo de la UPOEG, ingresó al mismo territorio y argumentando que fue enfrentado, masacró a una familia del lugar. Lo cierto es que tanto Bruno Plácido como Marco Antonio Suástegui, éste último con orden de aprehensión por homicidio, se disputan el cuidado del territorio de la Concepción y poblados aledaños, por algo que no tiene que ver con la seguridad de la población.
Lo anterior indica que es el momento para comenzar a poner en orden a las policías ciudadanas, que ni son comunitarias y que sólo son instancias que realizan otras actividades, en ocasiones ligadas a grupos de la delincuencia organizada, como ocurre en poblaciones como Teloloapan, San Miguel Totolapan, Petaquillas y parte de la sierra de Guerrero.
Por supuesto, es complejo que con todo y que hay un numeroso grupo de policías federales y militares habilitados en funciones que la ley no les permite, pero que realizan por la fuerza de las circunstancias, apoyando al gobierno del estado, en áreas de seguridad pública. La paz no llega, sino que en ocasiones se agudiza, derivado de que Guerrero, es para maldición o bendición, el estado con mayor producción de amapola del país.
Está claro también que la fuerza y el poder corruptor del narco se hace presente, al ser también Guerrero, uno de los estados con tres de los destinos turísticos más bellos de América, como es Acapulco, Zihuatanejo y Taxco, espacios de placer y donde el turismo, demanda cubrir sus necesidades básicas de recogimiento, como es la drogadicción y prostitución, en un mercado donde hay demanda, ésta se cubre, de cualquier manera. Y algunas policías municipales, se involucran, ante el amago de plata o plomo. No es simple, pues.
Luego entonces, la seguridad pública es complicada y sin ser justificación, los policías municipales, estatales, federales y militares, no se dan abasto, sobre todo, que en el pasado gobierno de Ángel Heladio Aguirre Rivero, a los policías comunitarios o a los que dicen serlo, sin ser, no sólo se les dotó de armamento, unidades motrices, sino hasta de salarios, pero cuando se les trató de incorporarlos a un registro, a una identificación personal, así como el tipo de armas que podían utilizar, se revelaron y así empezó el drama que nos heredó el ex gobernador Aguirre Rivero.

Claro que hay que reconocer a los ciudadanos que viven en comunidades indígenas y que cumplen con los requisitos que establece la ley, para ser policías comunitarios, el gobierno los ha respetado. Pero hay otros grupos armados que se dicen policías ciudadanas y que no se encuentran encuadradas en ninguna ley, son quienes la han trastocado.
Por ello, la actuación y detención de 30 ciudadanos de la Concepción, municipio de Acapulco, incluido el líder Marco Antonio Suástegui, se encuadra, dentro de la ley, pero por eso también, se hace necesario que los policías actúen respetando los derechos humanos de todos los involucrados, incluidos a los periodistas que cubren estos sangrientos eventos y que no se les agreda y se les permita realizar su trabajo, correctamente.
O sea, con la toma de la comandancia de Chilpancingo por policías del estado, federales y el ejército y la actuación en la Concepción, muchos que simulan ser policías, deberán poner sus barbas a remojar.

 

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